domingo, 28 de agosto de 2016

Mi viaje a China (2 de 7): Hangzhou




¡Hola! Os traigo la segunda parte de mi viaje a China: voy a contar mi visita a Hangzhou y mi último día en Shanghái, en el que aprovechamos para callejear un poquito.



Día 2. Hangzhou

Como os decía, en mi segundo día en China, visité Hangzhou, una ciudad que Marco Polo describió como la más bella del mundo. Desde Shanghái tomamos un tren rápido por la mañana y volvimos por la noche y, aunque vimos muchas cosas, me quedé con ganas de más.

Empezamos por visitar el Lago del Oeste, que es la joya turística de la ciudad, ¡y no me extraña! Por algo es llamado "El Cielo en la Tierra". Y es que está plagado de nenúfares, lotos, sauces llorones, construcciones típicas chinas, puentes y pasarelas. Desde la orilla cogimos un barco que nos dejó en la isla central.








Cuando volvimos a la orilla, tomamos un taxi en dirección al Templo Budista de Lingyin (o del Retiro del Alma) que está alejado de la ciudad, en plena naturaleza. Es muy grande, y cuando llegamos, los pabellones ya estaban cerrados, pero visitar todo el complejo por fuera también merece la pena, sobre todo por que la ladera de acceso, la del pico Fei Lai Feng, encontramos numerosas estatuas de Buda, talladas en la piedra.








A la hora en la estuvimos ya no quedaba mucha gente, sólo algún vecino paseando por la zona baja del recinto, y la paz que se respiraba............uffffffff.......

Cuando terminamos la visita, tomamos otro taxi con destino a la estación de tren para volver a Shanghái. Fui en busca de un snack para comer en el camino, y ¿sabéis que encontré? Guisantes!!! Si si, no me preguntéis si estaban asados, fritos....no sé, porque todo estaba escrito en chino, lo que si os digo es que estaban buenísimos. Quizá todos lo conocéis y es lo más normal del mundo, pero yo no los había visto nunca.


Día 3. Shanghái

El tercer día decidimos quedarnos en Shanghái para callejear y conocer un poquito más la vida de la ciudad. La primera parada, y dónde estuvimos toda la mañana, fue el mercado de Tianzifang, que es una red de callejones con mucha vida, justo al lado de grandes centros comerciales. 




Además de souvenirs y detalles, en este mercado se encuentran muchas opciones para probar las novedades de comida china e internacional. 


Y aunque está muy preparado para el visitante, también quisimos entrar en un mercado habitual que había en una de esas callecitas, y aunque estaba bastante desordenado, y los peces los vendían vivos, era muy similar a un mercado de abastos a los que estamos acostumbrados.


Seguimos callejeando hasta llegar al parque Fuxing, donde esperábamos encontrar a alguien haciendo  tai chi, a quien poder unirnos, pero sólo encontramos gente andando hacia atrás y vimos el primer "baile social" de los muchos que presenciamos en el viaje. Y es que los chinos toman un equipo de sonido, lo ponen en una plaza o zona conocida por todos y montan su discoteca al aire libre. Hay de todos tipos, de jóvenes, de bailes semi-regionales, bailes organizados.......¡ellos no se aburren!

Y tomamos el metro una y otra vez. Creo que el de Shanghái es, por el momento, el mejor metro que he utilizado: por su amplia red, por su limpieza y, sobre todo, por su seguridad, porque todo está cerrado, para evitar que nadie pueda caer a las vías. Está muy bien indicado y es de muy fácil uso.


Terminamos el día en los alrededores del Jardín Yuyuán, donde estuvimos el primer día y del que os hablé en la primera parte. Cuando llegan las 21:30, un señor en bicicleta recorre todas las calles de la zona para que la gente salga, porque se cierra con vallas portátiles para evitar que se transite de noche.





Desde allí, ya nos fuimos al hotel a descansar y a prepararnos para viajar a Xián a la mañana siguiente. 

Hay otras ciudades también conocidas a las que se puede ir desde Shanghái y que nos hubiera gustado visitar, pero íbamos con bastante límite de tiempo, y decidimos "exprimir" la ciudad. 

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